Mesa de debate. El turismo en clave económica

  • Mesa de debate. El turismo en clave económica

    Mesa de debate. El turismo en clave económica

    El Lic. Pablo Singerman participó en el mes de octubre en un debate organizado por la revista especializada en turismo Réport junto a otros representantes destacados del análisis económico del sector. A continuación reproducimos dicha nota.

    Fuente: Revista Réport de las ediciones del 17 y el 24 de Octubre del año 2011.

    Desde hace algunos años, esta industria empezó a convertirse en objeto de estudio para los economistas. Por ello, reconocidos profesionales en la materia participaron uno de los encuentros llevados a cabo en nuestra Redacción, para dar su visión respecto a diferentes tópicos planteados. Cómo puede afectarnos la devaluación de Brasil y las crisis en Estados Unidos y Europa; la inflación en el plano local, qué pasará con el peso argentino y el escenario económico luego de las elecciones presidenciales, el modelo de AR fueron algunos de los temas abordados en la polifónica charla.

    1- Joaquín Escardó, economista jefe de Eme Macroeconomía.
    2 – Milagros Gismondi, economista jefa de Orlando J. Ferreres & Asociados.
    3 – Carlos Gutiérrez, director ejecutivo del Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires. 4 – Adolfo Sturzzeneger, presidente de la Academia Nacional en Ciencias Económicas.
    5 – Tomás Bulat, analista económico de C5N.
    6 – Pablo Singerman, director del estudio Singerman & Makón Economía y Turismo.

    ¿En qué momento el turismo deja de ser visto en el país como una actividad de ocio y empieza a tener relevancia como sector económico?
    Pablo Singerman (P.S.): – El turismo visto como actividad económica empezó fuertemente con la devaluación poscrisis de 2001. Esto hizo que fuera muy complejo para los argentinos viajar al exterior y que fuese mayor la cantidad de turismo receptivo que teníamos por ser un país barato. Ahí el sector público comenzó a entender realmente que era una actividad económica relevante y que podía ser estratégica.
    Carlos Gutiérrez (C.G.): – Si bien comparto, yo iría un poco más atrás. En primer lugar, el reconocimiento al turismo como una actividad importante lo hace en 1986 el presidente Raúl Alfonsín, creando la Secretaría de Turismo. En la época de Fernando de la Rúa se crea el ministerio, que incluía las áreas de Deportes, Cultura y Aviación Comercial. Luego volvió a ser secretaría dependiente de la Presidencia y hoy de nuevo es ministerio -pero independiente- que corresponde con la evolución que ha tenido, no solo el turismo receptivo sino también el nacional. Desde lo institucional me parece importante, porque es reconocer el posicionamiento en el Estado.
    A nivel internacional quiero hacer una sola recordación: recién en 2003 la OMT pasa a formar parte de las Naciones Unidas. Esto también es el reconocimiento de la actividad.
    Adolfo Sturzzeneger (A.S.): – Creo que en cierto modo también es el reflejo de la evolución internacional. Antes de la Segunda Guerra Mundial el turismo era una especie de exotismo, muy poca gente viajaba y era carísimo y en la posguerra empieza a popularizarse; las tarifas aéreas caen abruptamente y entonces se transforma en un fenómeno económico importante.
    En la Argentina lo situaría en la época de la convertibilidad, con precios muy inconvenientes para el receptivo, pero convenientes para el emisivo. Sin embargo, la recepción de pax entre 1992 y 2000 aumenta de modo significativo, no sé si por el desarrollo internacional o porque el país empieza a ser atractivo turísticamente. Se acentúa con la devaluación, donde ya el fenómeno internacional unido a precios relativos tan favorables hacen que seamos un país importante en esta materia.
    Tomás Bulat (T.B.): – El turismo interno viene moviéndose hace mucho tiempo y creo que la llegada de turismo extranjero ha mejorado, en general, la calidad de la oferta.
    Por un lado, la devaluación nos hizo un país barato; pero, por otro el otro, comienza un fenomenal desarrollo de América Latina. Es decir, alrededor del 30% de los turistas que llegan al país son de Brasil, luego de Chile y empiezan a venir peruanos y mexicanos. Ahí hay un cambio. Estábamos acostumbrados a que vinieran los norteamericanos y europeos porque tenían plata, y ahora vienen latinoamericanos que también llegan con dinero.
    C.G.: – Lo que dice Tomás es más relevante en la Ciudad: el 67% de los turistas internacionales son brasileños. Este es un mercado que tiene 48 millones de personas que se han incorporado a las clases medias y el primer viaje internacional que realizan suele ser a Buenos Aires.
    P.S.: – Agregaría un dato de por qué como actividad económica -por supuesto coincido con Adolfo en que el turismo es muy anterior- empieza con la devaluación. El 2010 cerró con un ingreso de casi 4900 millones de dólares generados por el turismo; está por encima del dinero de las exportaciones tradicionales como, por ejemplo, la carne. Además, produce casi el 7% del empleo directo e indirecto. Este es un tema no menor para que el resto de los analistas, funcionarios y empresarios empiecen a entender que esto va en serio. Es dinero que no se generaba; y esto sin tener en cuenta la plata que deja el turismo interno. Pasa que en la Argentina -en muchos otros países tampoco- no se suele entender muy bien que el receptivo es una exportación de un servicio.
    Milagros Gismondi: – Quisiera agregar respecto a lo anterior que es muy importante el cambio de infraestructura que hubo antes de la devaluación, que permitió que se pudiera recibir a los turistas con precios baratos pero con infraestructura. Los cambios fuertes se dan gracias al turismo extranjero. El caso de Salta y la zona del Norte es un ejemplo muy claro de cómo se puede convertir este sector en una actividad económica.
    Joaquín Escardó (J.E.): – Esto es importante. Cuando uno mira la economía y empieza a desagregar por regiones, se da cuenta de la profunda desigualdad que hay en esta materia. En Bariloche la actividad representa el 60% del producto bruto, en ese tipo de lugares la conciencia sobre la importancia que tiene es indiscutible.
    Por otro lado, la Argentina siempre tuvo una balanza deficitaria en términos de ingresos y egresos de divisas por turismo, salvo en los últimos años que se revirtió. Este cambio tiene que ver también con mejoras en infraestructura y con que la economía se ha vuelto más competitiva. Nosotros nos encarecemos pero, así y todo, el ingreso por turistas es cada vez mayor.
    P.S.: – Si bien coincido en que antes había infraestructura, el verdadero desarrollo fue posterior a la crisis. Acá hay un tema político e ideológico: existe una fuerte presencia del Estado invirtiendo en muchos lugares.
    C.G.: – En la Ciudad, en toda la gestión de Mauricio Macri tuvimos una inversión de 1100 millones de dólares en hoteles; y ahí no ha habido ningún beneficio ni incentivo desde el punto de vista público.
    Coincido en dos cosas: en que las grandes cadenas internacionales aparecieron en la década del 90, pero la gran inversión, también es cierto, apareció luego de 2003. Hay muchas cadenas interesadas en invertir porque les resulta un mercado adecuado, aunque están preocupados por la inflación en dólares.

    ¿Qué opinión les merece Aerolíneas Argentinas, donde se contraponen posturas que hablan del déficit de la compañía y otras que destacan el rol social que cumple?
    A.S.: – En principio, si hablamos de subsidios, diría “¡Qué bien!” porque se está subsidiando uno de los principales elementos de conexión, pero indudablemente sabemos que no es suficiente porque falta conectividad y los pasajes siguen siendo caros.
    C.G.: – El subsidio puede ser suficiente pero no eficaz. Para mí es excesivo.
    A.S.: – Yo diría que no es suficiente porque la realidad argentina lo está indicando.
    P.S.: – Respecto a AR, estoy de acuerdo en que falta mucho por hacer. Estoy en la línea -aún desde lo ideológico- con lo que significaba recuperar la aerolínea de bandera, que la habían destrozado. Estoy de acuerdo con que se la siga financiando para fortalecerla -por supuesto que no se hizo todo-, también con la incorporación de naves y los corredores federales, y estoy convencido de que era necesario que se recuperara AR y que se invirtiera con gasto público para recuperar rutas. Fundamentalmente, estoy de acuerdo con la aparición del sector público en lugares donde no son rentables para el privado, porque hay gente en el medio que la pasa mal. Por supuesto que hace falta más, la conectividad sigue siendo deficiente, pero se hizo mucho y ahí es donde yo querría que se profundizara el modelo.
    J.E.: – Concuerdo con Pablo. Creo que la Argentina tiene que tener una aerolínea de bandera. Se nota inmediatamente cómo se reactiva una economía cuando hay conectividad.
    La discusión sobre el déficit o no déficit de AR es bizantina porque se hace en términos de un modelo de empresa y no de un subsidio a una actividad que produce el 7% del PBI. Esa discusión me parece que no tiene ningún sentido. Tampoco le podemos pedir a una aerolínea que ha sido muy castigada tener tal nivel de eficiencia en tan poco tiempo, sobre todo porque arrastra las propias ineficiencias de la economía argentina; y en el mundo las aerolíneas tienen problemas.
    T.B.: – Muchachos, muy lindo todo, pero TAM, Gol y LAN ganan plata, al igual que Avianca, TACA y Copa. Está muy bien lo que dicen de la línea de bandera y podemos discutirlo, pero subsidiar una compañía en la región no es demasiado lógico.
    Darle la responsabilidad a una sola aerolínea de cubrir el territorio no está bien, tenemos que hablar de política aero-comercial. Hay que tener, por lo menos, tres o cuatro compañías que te permitan competir, porque así bajan los precios. Recordemos que se cayó Varig, pero había reemplazo y no hubo una crisis. El problema con AR es que no tenés reemplazo, están protegiendo el no desarrollo de otras compañías para mantenerla y no estoy de acuerdo, porque sino creás un monopolio y dependencia.
    C.G.: – Estoy totalmente de acuerdo. La línea área de bandera, en este caso es estatal pero en otros lugares es la que designa el país a los efectos de los convenios internacionales de tráfico aéreo para ser los principales transportadores. AR tiene el 6% del mercado internacional, con lo cual si desaparece no pasa nada porque la sustituyen inmediatamente. En el mercado interno tiene cerca del 66%, ahí sí gana. Yo no estoy filosóficamente en desacuerdo con subsidiar rutas y destinos en función de una política aero-comercial que tiene que tener en cuenta los intereses del turismo, primariamente de los nacionales.
    Una política aero-comercial debe tener en cuenta todo esto y eso no está formulado claramente. Además, si el déficit no está bien explicitado, lo pagamos todos.
    T.B.: – La Argentina es el noveno país más grande en extensión territorial del mundo. Entonces, si querés conectarte funcionan tres cosas: tren, ómnibus o avión. Y querer conectarnos con colectivos es un delirio. La cantidad de gente que viaja en vuelos internos en 2011 es menor que en 1996; entonces ahí estamos teniendo un problema y es la política aérea. No se puede depender de una sola aerolínea para conectar el territorio. Se debe tener una política de diversificación, porque cuando alguien tiene el monopolio -sea quien fuere- lo utiliza en su beneficio.
    P.S.: – No nos olvidemos de dónde viene AR, donde el grupo anterior que era privado fue ineficiente, la destruyó y terminó con las rutas no rentables. En un momento determinado de la historia nos merecemos este debate acerca de lo que significa siempre el concepto de la rentabilidad y la ganancia. Está bueno que haya inversión del Estado en AR, porque hay rutas que no son rentables desde lo económico pero son muy necesarias desde lo social. Y hay que hablar de inversión, no de gasto. ¿Qué hace falta mejorar? Por supuesto, empezó hace poco este proceso, hay que pensar en forma estratégica a 15 o 20 años.

    En ese sentido, hay críticas hacia AR por llevar adelante una política que impide al resto competir, tal es el caso que se discute sobre la posible cancelación del vuelo de LAN entre Lima y Rosario.
    P.S.: – Esto es parte del debate.
    J.E.: – Hay que tener en claro que la estatización de AR no resuelve los problemas en la conectividad y tampoco si pisás las rutas que son rentables contra los privados; eso no resiste el menor análisis.
    P.S.: – Y con LAN tampoco, hace falta más.
    C.G.: – Quisiera agregar algo desde el punto de vista de la Ciudad. Líneas aéreas con Brasil: 93% de tasa de ocupación. Convenio bilateral: Argentina no utiliza todas las frecuencias de Aerolíneas, las compañías brasileñas ofrecieron hacer código compartido con capacidad de aviones de ellos y nuestro país dijo que no. AR no quiere ampliar ese convenio.
    T.B.: – Dejemos en claro que una cosa es Aerolíneas Argentinas y otra es la política aero-comercial.
    J.E.: – Aclaremos también que Brasil tiene un alto crecimiento en el mercado y tiene un problema serio de flota. En BRC, la operatoria de charters que siempre se hacía con GOL o TAM este año nos dijeron que no podían y debimos salir a buscar un actor nacional que resuelva el problema.

    ¿Cómo puede afectarnos la devaluación del real teniendo en cuenta también la inflación en nuestro país?
    C.G.: – Saquen todos la bola de cristal.
    T.B.: – Los tipos de cambios en el mediano plazo tienden a convergir. Obviamente, si la Argentina sigue teniendo estos niveles de inflación, el tipo de cambio nominal va a tender a subir. Ahí entra, más que la cuestión internacional, la idiosincrasia argentina: el dólar es uno de los pocos bienes que mientras más sube más lo compran los argentinos. Si la inestabilidad macroeconómica es fuerte quizás haya algunos cambios en el turismo; que es muy sensible a estas variaciones en el corto plazo.
    A.S.: – La devaluación que tuvo el real no es demasiado importante ni preocupante. Pongámonos en el lugar de Brasil y hay dos escenarios. La alternativa de por qué se puede devaluar el real. Por un lado la propia política del Banco Central de dejarlo deslizar hacia arriba. En este sentido, no debemos preocuparnos porque todavía Brasil tiene la idea de creer que la principal grieta económica es el target inflation, entonces se preocupan terriblemente por la inflación. Estoy convencido de que una de las cuestiones que le faltan a la economía internacional es un poco más de inflación, con eso la cosa se resolvería.
    El problema es que se produzca el otro escenario, que haya una fuerte fly to quality (salida de capitales), que es lo que hizo pasar en años anteriores el real de 1,70 a 2,40.
    T.B.: – Ojo que la suba esta tiene que ver con la decisión que tomaron de bajar la tasa de interés.
    A.S.: – De nuevo en el escenario de no depresión mundial, no hay razones importantes para una preocupación seria. Particularmente, creo que el nuevo Gobierno va a atacar el problema de la inercia inflacionaria.
    M.G.: – Con respecto a Brasil, me preocupa más el tema de la actividad económica e industrial que el tipo de cambio. Es cierto que esta última variable impacta en el turismo, pero la incorporación de potenciales turistas que luego llegan a la Argentina se puede cortar si la tasa de crecimiento que tienen sigue planchada. Lo mismo con una economía que empieza a crecer menos en el contexto internacional. Para este verano la cuenta sigue del lado nuestro, pero hay que estar atentos para el año que viene y 2013.
    J.E.: – Agregaría que el sector industrial brasileño está buscando un tipo de cambio un poco más alto. Ahí hay otro juego.
    T.B.: – Por eso mismo, ojo con esa visión que había de que a Brasil no le interesaba el tipo de cambio. No es el modelo de los 90, ellos están en otro modelo y están jugando en el plano internacional de un modo muy distinto.
    J.E.: – Digo que no es lo mismo un tipo de cambio a 1,50 que mantenerlo a 1,80. No vamos a volver a lo que pasó hace dos meses sino que vamos a estar planchados en este cambio y ahí el número empieza a ser más finito para nosotros.
    M.G.: – Pero es más finito por nuestra inflación. Hace dos años estaban con un cambio más alto y no nos perjudicaba.
    P.S.: – Más allá del tema Brasil, creo que la Argentina seguramente va a hacer algún toque en el tipo de cambio y que debería ser en forma de minidevaluaciones, casi imperceptibles para los mercados, de modo casi diario.

    En términos de turismo ¿somos dependientes de Brasil?
    C.G.: – Ningún modelo turístico puede basarse en un solo mercado. Lo normal es que dependas menos de un solo mercado.
    P.S.: – Yo no diría que hay una dependencia pero sí que es el principal mercado. En caso de que no se trabajara en generar otros nuevos -algo que sí se hace- sería un suicidio anunciado.
    M.G.: – Brasil está cambiando su rol en el mercado internacional, entonces tampoco podemos darle la espalda solo por decir “no tengamos un único cliente”. Mientras no sea la única estrategia, es parte del cambio.
    C.G.: – Más allá de los números está lo que decía Pablo, la diversificación de mercados.
    J.E.: – El potencial de crecimiento que tiene Latinoamérica es monstruoso y en ese marco olvidarnos de Brasil es ridículo.

    Los profesionales plantearon cómo continuará el desarrollo del sector y la posibilidad de que en la alta se reduzcan los niveles de rentabilidad. Café de por medio, también hablaron sobre los efectos que podría producir en la actividad la crisis en Europa y Estados Unidos y sobre la necesidad de que la Argentina defina si buscará incrementar el nivel de gastos o captar más turistas.

    ¿De qué modo puede afectar a mediano plazo al turismo las crisis en Estados Unidos y Europa?
    Tomás Bulat (T.B.): – Los países emergentes tienen para crecer muchos años, con lo cual, a mediano plazo nos beneficia. El turismo va a seguir desarrollándose, aunque habrá, claro, cuestiones coyunturales. Las filas de personas en Migraciones variará según el tipo de cambio, porque la actividad reacciona muy rápidamente a esas cuestiones, tanto en emisivo como en receptivo. Una devaluación como la del real o la del peso chileno puede cambiar decisiones sobre dónde pasar las vacaciones.
    En el mediano plazo considero que el turismo de Latinoamérica va a continuar creciendo porque el movimiento dentro de la región seguirá en aumento. En el corto plazo, la Argentina está en un proceso de reevaluación cambiaria y lo que estamos discutiendo es cómo y cuándo se va a corregir.
    Adolfo Sturzenegger (A.S.): – Creo que hay dos escenarios posibles.
    T.B.: – Eso es muy de economista, siempre dos escenarios (risas).
    A.S.: – La experiencia 2008/2011 nos da las pautas de lo que va a pasar. Entonces, ¿qué va a pasar en la Argentina en 2012? Lo puedo poner en cualquiera de estos dos escenarios con respecto a la situación económica internacional. Si lo ponemos en el de 2009 tenemos problemas muy serios -por ejemplo, las enormes devaluaciones que hubo en ese año en Brasil y Chile-. En este caso virtual tendríamos condiciones, tanto de precios relativos como de ingresos, tremendamente duras para los tres turismos -quizás el menos comprometido sea el emisivo-.
    Si vamos al escenario 2010 veo perspectivas bastante normales y hasta buenas, porque no habría un desfasaje de precios relativos demasiado alto ya que en vez de crecer al 8% creceríamos al 6%, con lo cual tendríamos un turismo doméstico, un emisivo y aún un receptivo, debido a que Europa no va a estar tan mal.
    Creo que hay un 40% de probabilidad de que entremos en una gran depresión al estilo de la crisis del 30. Hay una desorientación en las medidas económicas que siguen en el mundo para paliar la situación, que son increíbles.
    Joaquín Escardó (J.E.): – El mundo se presenta de un modo tan volátil que coincido en que hay que plantear escenarios, incluso más de dos. En términos de Europa, Grecia sigue teniendo un nivel de productividad que no puede estar atado al euro, España tiene los coletazos de la crisis inmobiliaria. Puede calmarse el agua, pero esa clase de problemas van a seguir.
    En términos turísticos, por un lado está el efecto riqueza y el empobrecimiento de los países más ricos, y, por el otro, el nivel de deflación de los destinos. México, el Caribe y Estados Unidos, por ejemplo, tienen precios irrisorios. La Argentina debería tener un nivel de tipo de cambio muy alto para poder asimilar esos valores.
    En términos de Latinoamérica, no me preocupa tanto el tipo de cambio sino el crecimiento de los países de al lado. En materia interna no se está sintiendo esto y este verano la actividad seguirá funcionando bien. Discúlpenme que peque de regionalista -soy de Bariloche-, pero no es lo mismo analizar lo que ocurre en la Costa Atlántica o en la Ciudad de Buenos Aires, que en Salta, Mendoza o Ushuaia. Allí hay otro tipo de problemas más importantes que el tipo de cambio y tiene que ver con la conectividad, y en eso sí que estamos lejos. Este es un problema tremendo; los pasajes aéreos tienen precios disparatados.
    Milagros Gismondi (M.G.): – Internamente este verano no debería sufrir el turismo local o emisivo grandes variantes. Pero hay que recordar que en 2008/2009 sí se sintió. La gente no es que no tenía plata, pero la crisis internacional hizo que el verano tenga caídas en materia turística. En ese escenario, hoy ya se empieza a ver un aumento en la salida de capitales y un freno en el consumo, entonces hay que ver si la alta no nos agarra así; cuando se aumenta la brecha en el tipo de cambio y la incertidumbre es mayor, probablemente la gente se vaya de vacaciones pero trate de no gastar y ahorrar en dólares.
    T.B.: – Coincido en que no veo una tan buena temporada. Estamos en un escenario en el que hay que hacer algunas correcciones en la economía.
    M.G.: – Se habla -en la Costa al menos- de movimiento pero sin gasto.
    T.B.: – Es terrible lo que están subiendo los costos; 900 pesos sale un pasaje en micro, ida y vuelta, a Posadas.
    J.E.: – El problema del transporte es ese: se pisa el colectivo con el avión. El sector automotor pide el alza de las tarifas y obliga a aumentar la tarifa aérea para que no se peguen.
    Carlos Gutiérrez (C.G.): – En la Ciudad, los datos de los primeros ocho meses dan que hay una caída importante en relación con el año pasado e incluso con 2008, en los mercados de larga distancia, excepto -debe ser igual para el resto del país- Francia y Alemania. Coincido en que para los mercados regionales, más allá del tipo de cambio, lo importante es la tasa de crecimiento y la incorporación de nuevas franjas de población a consumir. En el plan estratégico de marketing que estamos finalizando, los mercados en los cuales nos vamos a focalizar son los regionales -sin dejar de lado los de largo radio-, y trabajaremos en los nichos (cruceros, reuniones, LGBT, entre otros).
    Otro tema es cómo desafiamos el consumo de productos internos con los externos; ya que los argentinos, cuando la situación se pone fácil, se van al exterior.
    Pablo Singerman (P.S.): – Es interesante poder hacer una división que tiene que ver con el crecimiento y profesionalización del sector, donde no están muy acostumbrados a entender que no es lo mismo cualquier medida económica y que no afecta del mismo modo al receptivo que al emisivo. Otra cosa importante es que desde el sector no estamos en condiciones de presionar para que se puedan hacer modificaciones en el tipo de cambio, debemos trabajarlo como algo exógeno.
    En nuestro estudio en la UBA hicimos una distinción entre la competitividad genuina y la espuria. Esta última es de la que dependemos y los empresarios receptivos piensan en lo bien que vendría que un Gobierno devalúe, porque no tendrían que invertir demasiado. Nosotros apuntamos entonces a la genuina y, en general, en los últimos años los destinos del país tuvieron mucha inversión privada y pública para generar este tipo de competitividad, para tratar de despegarnos de lo que pueda suceder con cualquier devaluación.
    En lo que se refiere a emisivo, cualquier tipo de devaluación en uno de los países que enviamos turistas beneficiaría a cualquier empresa que se dedicara a este segmento.
    Nosotros no podemos manejar los precios del exterior. Podemos tener acá un tipo de cambio bárbaro pero los hoteles de otros países bajan los precios y nos complican todo lo que planificamos.
    C.G.: – Ningún modelo de desarrollo turístico se puede basar en ventajas de tipo de cambio. Es algo de corto plazo.
    J.E.: – Uno suele analizar el número del turismo en la cantidad de pasajeros y aunque es una cifra que tiene una importancia, en estos términos de competitividad espuria o genuina hay que ser más finos al momento de mirar. Australia tiene el mismo ingreso de pasajeros que nosotros, solo que el que va a ese país gasta 5000 dólares promedio y aquí 900.
    P.S.: – Atención con ese dato porque ellos toman en cuenta el aéreo, que es más elevado que el que gasta quien llega a la Argentina.
    J.E.: – De todas maneras está por encima del nuestro.
    P.S.: – Es muy importante esto a lo que te referís del gasto medio y que no siempre es importante la cantidad. Por ejemplo, un alemán gasta menos que un brasileño en nuestro país.
    J.E.: – Europa tiene una balanza de pasajeros deficitaria pero positiva en divisas. Esto hace que más allá del número uno puede hacer algo así si tiene un sector lo suficientemente competitivo como para que el gasto promedio en la Argentina se multiplique y el que sale de aquí no. En ese sentido, el país está en un pelotón medio y hay que discutir qué es lo que hace falta para dar el salto, multiplicar ese gasto y llegar a la media de las economías avanzadas.
    C.G.: – De la misma manera que me parece que un país no puede basar su modelo de desarrollo turístico en el tipo de cambio, lo que planteó Joaquín es otra cosa que siempre se habla: ¿más cabezas o más gasto por cabeza? Esto debe estar presente al momento de establecer un plan estratégico de marketing.
    P. S.: – Un empresario te pediría las dos cosas (risas).
    J.E.: – El problema es cómo hacés para vender caro, para ello necesitás un servicio acorde.
    P.S.: – Creo que lo que está pasando en la Argentina es que tanto el sector público como el privado se pusieron los pantalones largos y estamos empezando a ganar mercados por calidad y no por precio. Ese es un tema no menor. No estamos tan baratos y siguen viniendo pasajeros.

    ¿Ese es el modelo más exitoso para incrementar el nivel de gasto?
    T.B.: – Hay algo importante en todo esto que tiene que ver con la conectividad. Si vas a armar un modelo para cuatro millones de personas, debés tener la capacidad para moverlas.
    C.G: ¿Sabés cuánto nos perjudica la falta de conectividad externa? Hicimos el estudio tomando tres mercados y perdemos 250 millones de dólares.
    T.B.: – Ya lo sé, pero si nos preguntamos cuál es la menos perjudicada no hay dudas de que es la Ciudad. Si tenemos una devaluación y viene más gente, tenemos un problema para recibirla con cierta calidad. La Argentina debería tratar de mejorar los servicios. Si me das a elegir la estrategia a utilizar, intentaría aumentar el gasto promedio, no traer más turistas porque debemos resolver la conectividad; el tema aéreo es patético.

    Se habló mucho del escenario posterior al 23 de octubre, ¿qué puede suceder ahora que se concretaron las elecciones con el peso y la suba de precios?

    T.B.: – No veo mal el escenario, el turismo sigue estando bien. Creo que va a haber que hacer algunas correcciones y los márgenes de rentabilidad por turismo se van a ver disminuidos, pero no implica pérdida. Los actores del sector van a tener un aumento de costos y no van a poder trasladarlos todos a precio. Se va a dar una suba de tarifas lenta pero sistemática, y el peso va a seguir devaluándose en el mismo sentido.
    P.S.: – Si llegara a haber una devaluación -que no creo que sea violenta-, se va a beneficiar el receptivo y el interno; si el dólar continúa igual y Brasil se mantiene en estos índices de devaluación, se beneficiará el emisivo hacia ese país.
    A.S.: – Coincido totalmente. La devaluación es nominal pero lo que interesa es la real. Una devaluación es exitosa cuando la inflación no la sigue (como ocurrió en 2002, que se devaluó 230% y la inflación fue 43%). El Gobierno sabe eso.
    C.G.: – Como ha sucedido muchas veces, puede ser posible que los precios suban más que la devaluación.
    J.E.: – Este Gobierno siempre tiene una solución que traspasa el análisis común, entonces se hace difícil realizar previsiones. En algunos casos es positivo y en otros no. Sí creo que habrá un aumento de a centavos más acelerado del tipo de cambio para llevarlo a otro nivel. Es un poco lo que se venía haciendo hasta este nuevo estallido de la crisis. No creo que esté bien este congelamiento, no tiene sentido. Tampoco creo que lleguemos a tener un dólar a 5,50 y creo que van a intentar hacer converger la devaluación con la tasa de inflación. Las posibilidades de eso son inciertas, porque también empiezan a jugar los acuerdos de aumentos de salarios, entre otras cuestiones.
    M.G.: – Con una política monetaria también que está siendo muy expansiva.
    J.E.: – Sí, claro, hay que ajustar el uso de reservas y el crecimiento del 40% de la base monetaria.
    C.G.: – Para mí va a haber un deslizamiento del tipo de cambio que no sé qué características tendrá pero que no será brusco y que estará muy ligado a esta convergencia. Este deslizamiento va a definirse en base no solo a nosotros sino a los principales mercados. Hay que ver qué pasará, por ejemplo, con Brasil, con quienes tenemos un déficit creciente en la balanza comercial.
    Hay una cuestión adicional que es la facilidad que tienen los brasileños para viajar con un crédito que pagan hasta en 50 cuotas con una tasa muy baja. Eso incentiva el tema de los viajes.
    A.S.: – Todos opinamos que si el deslizamiento del real es como el actual no hay problemas. No debemos tener una paranoia del tipo de cambio.

    En línea con la idea de agregar valor a la oferta y no depender tanto del tipo de cambio, se plantea el tema de la inversión. ¿Ven a la Argentina como un escenario adecuado?
    A.S.: – Es una de las cosas que hoy se están discutiendo enormemente en la teoría económica. ¿El producto potencial depende del producto efectivo? En la teoría más ortodoxa el producto potencial es una cosa de largo plazo, aislada, exógena, que dependía de la acumulación de capital. Cuando la gente se encuentra con casos como la Argentina donde durante casi diez años crece al 8%, donde el tema de la capacidad instalada quedó en los primeros años, se ha planteado si el producto efectivo no modifica el producto potencial de largo plazo. Uno de los elementos más importantes en esa relación -que yo en gran medida comparto- es lo que se llama el principio de aceleración: cuando la economía crece hay una inversión que se hace derivada de ese crecimiento y esa inversión, si no está ese crecimiento, no se hace. Tomemos el caso Brasil y Argentina. Ellos, que crecen bastante menos que la Argentina, invierten el 17% de su Producto; y Argentina, el 23%. A su vez, Brasil tiene un déficit en cuenta corriente, con lo cual deberían invertir más; nosotros tenemos una cuenta corriente equilibrada. Entonces una de las teorías que se están elaborando es que Argentina invierte más -a pesar del tema de reglas de juego y derecho de propiedad, que no sabemos bien qué es- que Brasil en términos de la relación inversión bruta física y PBI. Es probable que esa inversión se derive de un producto efectivo que presiona sobre el potencial y que a veces está por encima de ella; claro, tuvimos el costo importantísimo de la inflación. Pero creo que hay ambiente de inversión.
    T.B.: – Definitivamente la Argentina es un escenario adecuado para inversiones, sobre todo en el mediano plazo. No va a haber un boom, pero van a ingresar a lugares y a nichos específicos, por lo que va a seguir entrando capital.
    C.G.: – Nosotros tenemos los 1100 millones de dólares invertidos en hotelería por emprendimientos privados de 2008 a la actualidad; y hay unos 400 millones en inversión hotelera que se terminará entre este año y principios de 2012. Ahí no hay ningún incentivo del sector público.
    Respecto a lo que vos Adolfo planteaste, hay que ver la eficacia de la inversión.
    M.G.: – De ese 23% hay mucho en construcción de viviendas, en autos. Cuando uno ve la inversión reproductiva está por debajo.
    A.S.: – No, pero en el sector de las importaciones y bienes de capital son récords históricos.
    P.S.: – Tenemos que pensar en términos federales. Coincido con que el ambiente de negocios es sumamente interesante y, por otro lado, hay flujos internacionales de fondos de inversión que están retirando parte de sus carteras de Estados Unidos y Europa por dudas en el retorno de inversión, y están mirando mercados emergentes. Dentro de estos mercados comenzaron a mirar el área de turismo y esto es interesante para que la Argentina salga a buscar este tipo de capitales.
    Hay que pasar a una segunda etapa de inversión -a mi entender la primera ya terminó exitosamente-, que es la del sistema financiero público o privado trabajando para fomentarla, apoyando con tasas blandas al privado que quiera trabajar en términos federales y no solo en hotelería.
    J.E.: – No creo que haga falta más estructura edilicia, quizás mejoras. El caso de la Ciudad es fantástico en resultados y gestión.
    Agregaría que hace falta inversión en algunas otras actividades turísticas y en infraestructura pública, eso es sustancial. Además, hace falta transformar en rentables, con políticas públicas, ciertas inversiones que hoy en algunos destinos no tienen buenos resultados. Los niveles de estacionalidad que tienen algunos destinos hacen inviables ciertas mejoras.
    Que exista un financiamiento en pos de la producción es una discusión que ya nadie puede dar. Están viviendo del crédito al consumo, pero eso no resuelve nada sino que genera los problemas de cuellos de botella externos que ya estamos mirando de reojo para el año próximo o el otro.
    En general, el sector privado ha hecho los deberes en materia de inversión. Ahora hace falta más, ese segundo paso, ese salto de calidad.

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